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DE RODILLAS

Astrid Jahnsen

“La historia desde la mirada que se mantuvo en silencio, la otra
mirada del mundo, esa es la historia de la que quiero hablar”
La memoria y el archivo han sido el objeto de reflexión y el disparador de los más
recientes proyectos artísticos de Astrid Jahnsen. El reclamo ante el olvido, el rescate de
la memoria y la construcción de una nueva relación con el pasado han sido etapas en
un derrotero que comenzó como una simple búsqueda del pasado oculto en los
documentos y ha terminado siendo una interpelación de los documentos mismos.
La exposición “De rodillas” de Jahnsen surge de la compra de 82 libritos
pornográficos de los años 50. De hechura artesanal –engrampados y tipeados a
máquina– estos relatos subidos de tono, que llevan títulos como “Las excitaciones de
la carne”, “La inabordable señorita Vanessa” o “Esclavos del sexo”, vienen ilustrados
con fotos eróticas de diversa proveniencia. Este material, que recuerda en cierto modo
las novelitas que ‘El Poeta’ les vendía a sus compañeros en “La ciudad y los perros”, se
convierte en objeto de escrutinio para la artista quien, armada con un lente macro,
explora y reproduce el material, no sin cierta fascinación.

Sus imágenes, que resaltan apenas algunos detalles de lo que reproducen y dejan
nublado el resto, se van convirtiendo poco a poco en una metáfora visual del modo en
que Jahnsen empieza a comprender el material que tiene entre manos. Al ampliarlas,
el macro revela también el grano del papel fotográfico o los puntos de la matriz de la
imprenta: es decir, la trama que constituye a la imagen como objeto físico, como un
conjunto de puntos que nuestra percepción unifica y convierte en unidades de sentido.
Esa manera de ver a través del macro se convierte en metáfora de una verdad
evidente pero que solemos pasar por alto: si miras lo suficientemente de cerca,
descubrirás cómo están hechas las cosas. Llevada al plano conceptual, esta
herramienta visual revela la trama ideológica de los documentos que, vistos de cerca –
es decir, con el instrumental crítico adecuado–, revelan sus costuras: los prejuicios,
preferencias, distorsiones e injusticias inherentes a toda perspectiva comienzan a saltar
a la vista.

Y es ese el resultado del escrutinio que realiza la artista, uno que, en sus propias
palabras, la lleva a una inexorable conclusión: “Descubro que las fotos pornográficas
de esa época, las fotos de los periódicos y de las revistas, las fotos de las
enciclopedias… todas fueron tomadas desde un cuerpo masculino”.
“comienzo a recordar cada libro, cada texto y cada imagen frente
a mis ojos cuando era niña, en el colegio, en la biblioteca, en el
periódico que llegaba a mi casa, en la incuestionable
enciclopedia… todo desde el punto de vista de un hombre”
Lo que puede sonar a una verdad evidente (aunque, no por ello, menos silenciada
aquí y en todo el mundo) debe entenderse como una revelación que golpea la
condición misma de cada mujer y remece los cimientos de todo aquello que se ha
presentado, hasta ahora, como ‘natural’, ‘no intencionado’ o ‘normal’. Poco a poco,
todo se revela como una construcción en la que el lugar de la mujer resulta, por lo
menos, esquivo.

 

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