Jorge Panchoaga (Foto por ungabrielmas)

Jorge Panchoaga (Foto por ungabrielmas)

“En Latinoamérica estamos descubriendo quienes somos a partir de la fotografía”

Por: Oman Morí

El fotógrafo colombiano Jorge Panchoaga ha sido invitado al Centro de la Imagen para dar un taller durante una semana a los alumnos del Master de Fotografía Documental. Antropólogo de profesión, Panchoaga explora mediante sus imágenes temas como la identidad, la memoria, y la relación del ser humano con la naturaleza, partiendo desde problemáticas latinoamericanas.

Lo entrevistamos acerca de sus últimos trabajos y sobre el taller que dictará a fines de mayo.

“Se plantearán caminos de experimentación, reflexión, investigación y problematización de la imagen. Eso se verá reflejado en formas de trabajo y en maneras de utilizar soportes, que los alumnos adaptarán a sus distintos intereses”, comenta el fotógrafo sobre la temática del taller que dictará. “Exploraremos el trabajo de archivo, enfoques tradicionales de la fotografía documental, aproximaciones hacia la construcción de cámaras, la utilización de la imagen química respecto a la digital, y la elaboración de puestas en escena”.

Además, Panchoaga presentará este lunes 27 de mayo su libro "Dulce y Salada", en el Centro de la Imagen. Más información aquí

Su relación con la antropología

Si bien Jorge Panchoaga estudió antropología en la Universidad del Cauca en Colombia, él utiliza su carrera más como una herramienta que como un punto de partida para su obra fotográfica. “He utilizado muchos procedimientos de la antropología para mi trabajo, como el método etnográfico, las entrevistas dirigidas o las notas de campo; pero he tenido que deconstruir mi relación con la antropología en términos de cómo se construye el conocimiento”, afirma Panchoaga.

Panchoaga considera que el pensamiento antropológico puede llegar a socavar su creatividad, guiandolo solo hacia un tipo de conocimiento. “El planteamiento de la antropología está muy relacionado con la construcción del pensamiento científico. Esto restringe de alguna manera las posibilidades de creación a otros niveles, que tienen más que ver con ciertas libertades que se pueden tomar sobre la realidad”, comenta el fotógrafo.

“Si bien mi cerebro problematiza mucho desde lo antropológico, intento sobreponerme a eso, profundizando desde otras corrientes, como lo metafórico, poético, o humano”.


Dulce y salada. (Jorge Panchoaga)

Dulce y salada

Como ejemplo de ello está “Dulce y salada”, uno de sus últimos trabajos y también uno de los más extensos y completos. Se trata de una exploración de casi nueve años acerca de la relación del ser humano con su entorno, partiendo del estudio del agua.

“Desde un vuelo sobre Bolivia, divisé un sendero que hace miles de años había sido un río, y que ahora se utilizaba para sembrar. Ese momento fue el punto de partida para investigar sobre el agua”, afirma Panchoaga.

Posteriormente, llegó a nueva Nueva Venecia, un pueblo flotante que además, depende totalmente del agua. “Mientras grababa audios de arroyos o cascadas, y conversaba con la gente sobre el agua, llegué a este poblado que vivía sobre el agua y lo consideré un lugar increíble para estudiar lo que estaba pensando”.

Panchoaga empezó a visitar periódicamente este lugar, haciendo amigos, conociendo sus costumbres, sin necesariamente tener un objetivo en mente. "Lo único que sabía era que iba a trabajar sobre al agua y el ser humano. Me llamaba mucho la atención el ciclo del agua, pero en realidad no tenía objetivos establecidos”, cuenta Panchoaga.


Dulce y salada. (Jorge Panchoaga)

“Hay proyectos en donde leo mucho y tengo diarios de trabajo en donde investigo etnografías, tesis, libros, pero para este caso no quise leer nada. Quería descubrirlo simplemente viviendo”. Mientras retrataba de manera simbólica la relación de Nueva Venecia con el agua, se dio cuenta que la mejor manera de proyectar lo que pensaba era mediante el blanco y negro.

“Me di cuenta que si utilizaba el color, la belleza del lugar iba a opacar la problemática que buscaba enfatizar. Detrás de ese color habían situaciones super densas, entonces el blanco y negro neutralizaba esa belleza y me ayudaba a comunicar mejor el objetivo del proyecto”.

Con el paso del tiempo, en las idas y venidas a esta locación, Panchoaga empezó a vislumbrar la temática de su trabajo. “Me empecé a dar cuenta que si bien yo estaba trabajando sobre este poblado, en el fondo lo que hacía era una reflexión a partir de sus habitantes, sobre la relación de la persona con la naturaleza o con el agua específicamente”.

A partir de esto, en el 2018 se publicó un fotolibro que recogía esas inquietudes. “Con esa publicación me di cuenta que planteaba una reflexión sobre el tiempo humano y el tiempo geológico, acerca de cómo nuestra angustia por la conservación de la naturaleza es en realidad una angustia por subsistir a lo largo del tiempo, y de cómo la naturaleza necesita del caos para crear nueva vida”, afirma.

Con un equipo de alrededor de 50 personas, Jorge Panchoaga empezó a concretar el proyecto. En un primer lugar con la publicación del libro y posteriormente con la edición de paisajes sonoros en vinilo. Actualmente se encuentra estrenando una página web y un corto que buscan involucrar al espectador en estas reflexiones.


Dulce y salada. (Jorge Panchoaga)

El proyecto

Jorge Panchoaga se inició en la fotografía sin tener una educación formal, hace alrededor de una década. “Simplemente me comenzó a gustar y decidí dedicarme a eso profesionalmente. Mientras manejaba una pizzería con mis hermanos y una prima, empecé a estudiar todos los manuales fotográficos que podía conseguir, ya que no tenía dinero para adquirir una cámara”.

Él, además, relaciona la definición de proyecto fotográfico con la evolución de la fotografía en Colombia. “Hace diez años en mi país no existía la noción de proyecto fotográfico. Cuando mi generación empezó a interesarse por la fotografía, el gusto por la imagen única era lo usual. Había interés en que todo se pudiera resumir en una sola foto”, afirma sobre la evolución en la profesionalización de la fotografía.

"Después llegó la serie,  que consistía en generar un evento que se contaba a través de varias fotos, pero (en esa época) el discurso no era elaborado para nada”.

Posteriormente, Panchoaga cursó la especialización en fotografía en la Universidad Nacional de Colombia, donde él y los fotógrafos de su generación empezaron a estudiar la imagen de una manera más metafórica.

“Sin darnos cuenta nos empezamos a enfrentar a lo desconocido. Era como entrar a un cuarto oscuro tratando de encontrar algo: poco a poco empezamos a operar la imagen a partir de conceptos, de palabras, de metáforas, de cosas que no eran tangibles, ni eran el suceso que estaba ocurriendo al frente”, explica el fotógrafo respecto a su educación.


Casi café. (Jorge Panchoaga)

En ese contexto se gesta “Casi café”, un proyecto que propone un recorrido sobre las costumbres y prácticas que giran en torno al café en Colombia. “Ese trabajo fue un campo de experimentación, aprendí de mis errores haciendo todo lo que quería. A partir de eso me di cuenta que la metodología de trabajo influye fuertemente en los resultados, entonces empecé a escribir y hablar sobre eso, planteando distintas formas de elaborar un proyecto dependiendo de lo que este requiera”, comenta.

Con el paso del tiempo y desde hace muchos años él se dedica plenamente a la imagen. “Yo vivo de la foto, de dar charlas, de aceptar encargos de medios, de hacer talleres, de vender mis libros, de cobrar por exponer”, afirma.

La relación con el territorio

La obra de Jorge Panchoaga atañe a problemáticas que si bien son analizadas a partir de narrativas colombianas, pertenecen a problemas globales. Sobre la relación con su territorio, el fotógrafo enfatiza que no le interesa “fotografiar y generar narraciones nacionalistas de todo el país sin profundizar en algo. Yo hablo de una problemática humana que se expande por cualquier lugar. No es la preocupación de Colombia, sino de la vida humana”, comenta.


Casi café. (Jorge Panchoaga)

Es por ello que él puntualiza que el centralismo es un factor que puede llegar a quitarle la atención al problema base. “Lo que nos limita a entender las problemáticas a nivel regional o global es centrarnos en el contexto que nos rodea. Ahora he empezado a trabajar cada vez más fuera del país, me interesa llegar a otros lugares, haciendo relaciones y problematizando desde otros contextos, algo que me permita entenderme más a mí mismo y a lo que hago en Colombia”, detalla.

El estado actual de la fotografía en Latinoamérica

“Lo que más nos caracteriza respecto a la fotografía, es que en Latinoamérica contamos con muy pocos medios de difusión, y los que hay normalmente no son rentables. Hay una precarización de la fotografía a nivel regional”, reflexiona.

“Por eso todos los fotógrafos jóvenes quieren empezar a trabajar con un medio de comunicación internacional, ya que son los únicos en el mundo que pagan bien. Entonces el 80% quiere hacer un proyecto que funcione para un medio internacional para poder trabajar con ellos. Eso ha generado una suerte de necesidad de aprobación de esos lugares”.

“Siento que hay una presión muy grande en la actualidad por ser buenos, que a la gente le guste lo que uno hace, recibir aceptación. Siento que esa presión paraliza las dinámicas de trabajo y de creación. Los estudiantes debe entender que la fotografía es un proceso, y que errar es parte del trabajo”, afirma Panchoaga.

Sobre los temas abordados por la fotografía en América Latina, él apunta a que más que poseer una identidad consolidada, se gira en torno a temas recurrentes. “Normalmente abordamos temáticas del territorio, la identidad en relación a este, la mística de esa identidad, el poder de la naturaleza o las montañas, o la relación de la naturaleza. Estamos descubriéndonos a nosotros mismos”, indica.


Savage. (Jorge Panchoaga)

Panchoaga no considera que exista una identidad única en la fotografía latinoamericana, afirmando que esto se manifiesta en los cambios generacionales. “Ahora los jóvenes fotógrafos están cada vez más interesados en las ficciones, deconstruyendo el discurso documentalista aunque sea lo mejor pagado. Percibo que las nuevas generaciones buscan cada vez más utilizar la foto como algo distinto a solo representar la realidad”.

“Estamos revisando quienes somos a partir de la fotografía, descubriendo muchas historias que antes no les habíamos prestado atención. El papel de la mujer en la fotografía regional actual es muy fuerte. Si hay alguien que mantiene un trabajo muy dedicado en los últimos años son las mujeres, ellas se encuentran en todos los niveles de la fotografía, con obras que han construido fruto de su trabajo y dedicación”.

Jorge afirma que el trabajo del fotógrafo es el de permitirse explorar, pero sobre todo profundizar sin importar el área de trabajo, priorizando la investigación y buscando siempre la historia detrás del sujeto.

“La fotografía es como cualquier trabajo, no es más importante que ser panadero o zapatero, tenemos que hacerlo con el corazón y con la tranquilidad de saber que estamos dedicando la vida a comunicar a través de la imagen”.


Savage. (Jorge Panchoaga)

Perfil

Jorge Panchoaga (Colombia, 1984) Antropólogo de la Universidad del Cauca y especialista en fotografía de la Universidad Nacional de Colombia.

Su trabajo es parte de colecciones como el fondo cultural Suizo en Colombia, la colección de fotografía internacional de Higashikawa Japón y diversas colecciones privadas en diferentes países. Ha sido publicado en medios como el New York Times, National Geographic, El País de España, L’oeil de la Photographie de Francia, GUP Magazine de Holanda, Pagina 99 de Italia, Süddeutsche Zeitun de Alemania, Lightbox de Portugal, El Malpensante de Colombia, entre otros. Ha realizado exposiciones individuales en España, Argentina, Chile y Colombia y ha participado en exposiciones colectivas en Guatemala, Irlanda, Lituania, Ecuador, Francia, Brasil, Estados Unidos, Alemania, y otros países.

Entre sus reconocimientos están: ganador del Emerging Talent Award 2016 de Lens Culture; ganador de la beca SMArt Sustainable Mountain de creación fotográfica en Suiza; ganador del segundo premio del POYLatam categoría Nuestra Mirada; beca de creación de artistas con trayectoria intermedia del Ministerio de Cultura; ganador beca de emprendimiento artístico de tipo colaborativo, Programa distrital de estímulos; beca de coproducción de proyectos cross y transmedia del MINTIC; ganador del Premio Iberoamericano de Fotografía NEXOFOTO, España; el IX Premio Nacional Colombo Suizo de Fotografía del Ministerio de Cultura, del Sexto Salón De Arte Joven del Club el Nogal, el III Premio Nacional de Fotografía del Patrimonio Cultural de la Nación. Ha sido editor del libro La Fotografía está en la Calle (2014); coautor de Fiestas de San Pacho (2014), autor del Savage (2018) y de Dulce y Salada (2018). Es fundador de CROMA Taller Visual y parte del colectivo +1. Es fotógrafo representante global de Fujifilm.

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